El anillo en el agua

Por la cándida adolescencia. Así brindaban en mitad de la sabana de Kenia Karen Blixen y Denys Finch-Hatton. Con el amor, creían haber recuperado la inocencia, recobrado el anillo perdido en las aguas de la edad adulta.

La sortija extraviada en el río, en la fuente, en el lago, es símbolo arcaico en la memoria de todos. Queremos expresar con él una idea lineal de la vida –Panta rei-, un concepto histórico de nuestra propia existencia: el tiempo no es circular, no nos repetimos como las estaciones, sino que caminamos inexorablemente hacia la muerte. Del paso de una edad a otra nos hablan los rituales, dehilachados muchos en viejas canciones infantiles que aún los evocan: las niñas que quieren “ser tan alta como la luna” pierden “el anillo dentro del agua”; ocurre “al pasar por el puente de Santa Clara”, al pasar a la pubertad, al dejar de ser niñas e ingresar en el amor y la sangre de la vida adulta. Perder el anillo avisa de la tragedia de perder la candidez, el entusiasmo (del griego enthousiasmós, rapto divino o posesión divina), y del comienzo de la pelea por recuperarla, a través de la palabra, por ejemplo, como nos dejó dicho Blas de Otero (“Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua…”), o mediante el denodado esfuerzo por volver a ser niños, tal nos sentimos con la pena de los lagartos de Lorca: “El lagarto está llorando. / La lagarta está llorando. / El lagarto y la lagarta / con delantalitos blancos. / Han perdido sin querer / su anillo de desposados. / ¡Ay, su anillito de plomo, / ay, su anillito plomado!”.

Anillo fenicio grabado con dos delfines.
Anillo fenicio grabado con dos delfines.

También se habla del paso de la libertad infantil a la cárcel de la madurez. Así lo interpreta el popular cuento de El zurrón que cantaba, que tanto nos asustó. Mariquilla fue a la fuente y allí perdió su anillito de oro, el Hombre del Saco la engañó, convenciéndola de que si buscaba en el zurrón encontraría su alhaja, Mariquilla quedó presa en el saco y fue mercadería de su raptor, que se ganaba la vida con su zurrón mágico: “Mariquilla, canta, canta, / o te doy con la palanca”; y la niña repetía el siniestro estribillo del cuento: “En un zurrón voy metida, / en un zurrón moriré, / por un anillo de oro / que en la fuente me dejé”. La misma pérdida relata Rafael Marín, novelista de este mismo periódico, en su novela El anillo en el agua, evocación histórico-sentimental de quienes intentaron ser poetas en los años entusiastas de la Transición.

En Cádiz, hace unos dos mil setecientos años, alguien poderoso se hizo enterrar con su anillo de oro, cuidadosamente grabado con dos delfines que hablan de que las sortijas son del mar y de que desde siempre nos negamos a que así sea, temerosos del paso del tiempo y de la muerte. Desde el mismo sentimiento y la misma memoria del símbolo, la penúltima escena de Match point (Woody Allen, 2005) juega a recordarnos que si el anillo no cae al agua quedará en nosotros para siempre el sufrimiento de la culpa.

Por la cándida adolescencia. Brindis para celebrar haber recuperado el anillo del agua. Pensar que el arcaico símbolo sea una estafa, que alguien quiere hacernos creer que sólo podemos ir una vez a la fuente, cuando en realidad, si la naturaleza nos otorga el don y sabemos mantener las emociones, otras vidas son posibles. Así lo sostenía Ernesto Sábato, sabio y nonagenario, escribiendo una primavera en los diarios de su vejez: “Estoy en verdad más joven que hace años; si uno no registrara las fechas ni contabilizara los días y los meses, nuestra vida pasaría por épocas de envejecimiento y momentos de increíble lozanía. Nuestra edad no seguiría una línea progresiva sino que oscilaría como los vientos y las estaciones”.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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