Bernarda en México

El pasado 14 de Junio tuve la suerte de acudir a un estreno bastante insólito. Una versión mexicana de La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, rodada en 1981, que había permanecido durante años almacenada en los pasillos de la Filmoteca Nacional sin que nadie la recordara.

Resulta siempre sorprendente la enorme capacidad de convocatoria del poeta granadino. El cine estaba abarrotado, y en la puerta se quedaron muchísimas personas. El nivel de enfado de los que no pudieron disfrutar del evento no habla tanto de la falta de previsión de la organización como de las increíbles pasiones que sigue levantando la obra de Federico. Hubo discusiones en la puerta, amenazas, gritos, casi violencia… lorquianismo en estado puro.

La persona que rescató esta película, de una manera absolutamente casual, fue la actriz y directora de casting Laura Cepeda, que a la sazón interpreta el personaje de Adela. Ella tuvo unas palabras para el público antes del estreno, y explicó, emocionada ante la enorme expectación que había generado la proyección, la historia de la película.

Aunque en un principio iba a ser rodada por Luis Buñuel (quien ya en los años 40 había intentado hacerla) la dirección la asumió finalmente su productor, Gustavo Alatriste, debido a la avanzada edad del maestro quien, sin embargo, no dejó de aparecer de vez en cuando por el rodaje, valorando de una manera u otra el trabajo que se iba haciendo. De hecho, Alatriste no deja de decir en los créditos que la película es fruto de las largas conversaciones que mantuvo con el director aragonés, con quien ya había rodado varias películas en México: “El Ángel Exterminador”, “Viridiana”…

Amparo Rivelles da vida a Bernarda Alba en la cinta mexicana.
Amparo Rivelles da vida a Bernarda Alba en la cinta mexicana.

Aparte del tutelaje de Buñuel, la película cuenta con otro atractivo incuestionable: la presencia de la gran Amparo Rivelles interpretando el mítico personaje de Bernarda. Ella y Laura Cepeda son las únicas españolas del elenco. El resto son actrices y actores mexicanos. De hecho, sorprende –y agrada– escuchar a Federico García Lorca entonado con ese acento tan bello, ese español dulce que tanto sedujo a Cernuda. Una imagina que el mundo rural mexicano no se halla demasiado lejos del andaluz, en ciertos aspectos. La prosa maravillosa de Juan Rulfo, por ejemplo, tiene momentos líricos, expresiones populares, que guardan muchas semejanzas con el mundo rural del universo lorquiano.

La película, en palabras de Ian Gibson: “Está bien”. Gustan las actrices, con una interpretación en ocasiones intensa, pero muy auténtica. Gusta la estética, la intercalación de escenas del entierro y otros momentos de los que se habla en diferido durante la obra… Pero lo más interesante es la libertad creativa que se permite. En España seguimos acercándonos a Federico con tanto respeto, pesa tanto la responsabilidad, que a veces caemos en el bloqueo artístico. Hacer una versión arriesgada de su obra supone exponerse a las críticas más feroces de los puristas y del propio pueblo. En México no sabemos si existe también ese pudor, pero desde luego no es el caso de Gustavo Alatriste y sospecho que tampoco el caso del propio Buñuel. Desde la recreación fantástica de multitud de escenas con Pepe el Romano, que aparece en numerosas ocasiones (un torero mexicano hermosísimo), hasta unas bacantes romanas vestidas de blanco encarnadas por Bernarda y sus hijas; desde escenas lésbicas a alusiones sexuales explícitas con la ropa interior de Angustias, todo le cabe a esta versión. Hay momentos que podemos considerar auténticas “buñueladas”, donde se adivina la mano del maestro. Y aunque a veces se escapan algunas risas entre el público, por lo bizarro de algunas imágenes, se agradece este delirio, este punto de locura, esta falta de prejuicios…

Al concluir la proyección, ligeramente virada a rojo, por cierto, debido a la antigüedad de la cinta, se desarrolló un coloquio en el que intervinieron la propia Laura Cepeda, Alberto Conejero, Santiago Meléndez, y el biógrafo por excelencia de Lorca, Ian Gibson, otro de los grandes alicientes de la noche. “La casa de Bernarda Alba fue la causa de la muerte de Lorca”, aseveró. Y es que parece ser que algunos de los instigadores del asesinato fueron personas de la familia en la que el autor se inspiró para escribir la obra, quienes se sintieron muy indignadas al verse reflejadas en el texto, que el autor había leído ya en privado a varios grupos de personas.

No sabemos el destino que correrá la cinta. De momento, la Filmoteca Española se pondrá en contacto con la mexicana para ver si se conservan los negativos. En Septiembre se organizará una nueva proyección, ya que hubo muchísima gente que se quedó literalmente en las puertas deseando verla. Y quién sabe si finalmente podrá exhibirse en otras pantallas si a alguna distribuidora le interesa. De momento, lo que sigue conmoviendo, lo que sigue resultando emocionante a la par que doloroso, es comprobar lo vivo que está el autor de Granada. Cada estreno suyo sigue siendo un acontecimiento y al final, sea cual sea el resultado, uno se queda medio en trance, aún embriagado por el poder de su palabra. La palabra de Federico.

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