Prosas de la experiencia: 5 libros sobre el cotidiano vivir

Estar no estando (Un viaje extremeño). Antonio Moreno. Pre-Textos. Valencia, 2016. 301 pp.

Estar no estandoEn estos tiempos de primacía de la velocidad, en los que viajar supone apenas una simple traslación en el espacio, sin que apenas cuenten el recorrido en sí o la conciencia de camino, el viejo género de la literatura andariega, que tiene en España una ya larga tradición en la que se inscriben Baroja, Azorín, Pla, Cela, Juan Goytisolo o Julio Llamazares, resulta más pertinente que nunca. El humilde recorrido que Antonio Moreno (Alicante, 1964) traza por tierras de Extremadura puede leerse como un trayecto iniciático, en el que no solo cuentan los hitos del camino –algunos, tan sorprendentes y evocadores como el embalse de Proserpina, en las inmediaciones de Mérida, o las ruinas romanas de Cáparra–, sino también la conciencia vigilante del viajero y ese otro viaje que el pensamiento efectúa, no ya por el itinerario físico, sino por los recuerdos, la propia biografía, el trato con otras personas o el modo de mirar el mundo y la pertinencia de trasladar esa visión al papel. No es Antonio Moreno un viajero complaciente: el camino puede ser desabrido, los albergues poco acogedores y el propio cuerpo poco predispuesto a la incomodidad o el cansancio; pero lo que cuenta es el esfuerzo por romper con el tiempo reglado, por ganar amplitud de percepción y alcanzar una justa estimación de lo que se necesita, material y anímicamente, para bastarse a uno mismo. Estar no estando es un libro, por tanto, que no solo se deja leer con sumo placer, sino que incita al lector a echarse al camino y probar sus fuerzas.

Nunca acaba septiembre. César Romero. Libros Canto y  Cuento.  Jerez de la Frontera, 2015. 145 pp.

nunca-acaba-septiembreTambién existe ya una cierta conciencia de género en torno a los libros que tratan de la muerte de un ser querido: desde el clásico Una pena en observación de C. S. Lewis al eminente La más que viva de Christian Bobin –también publicado en español, por cierto, por Libros Canto y Cuento–. A diferencia de éstos, el que César Romero (Sevilla, 1970) ha dedicado a rememorar la enfermedad y muerte de su padre no se presenta como un breviario de meditaciones, sino como una narración detallada y veraz de los hechos conducentes al triste desenlace. Éstos son lo suficientemente elocuentes y casi hacen innecesaria cualquier interpolación de carácter moral o sentimental. Hay, sí, algún lugar para los recuerdos, así como un efectivo contrapunto entre el relato de la propia enfermedad y la detallada rendición de las circunstancias concomitantes: desde los laberintos de la sanidad, tal como son afrontados por un atribulado ciudadano que no sabe a ciencia cierta a quién acudir y busca esperanzas en un lado y otro, hasta la sutil interacción que se establece entre la rutina “normal” –familia, trabajo, vacaciones, la propia dedicación literaria del autor– y la impuesta por la enfermedad. Y a pesar, decimos, de que no hay lugar para comprensibles patetismos, el lector sabe pronto a qué atenerse: le están contando un combate sin esperanzas, pero también un combate que humanamente resulta poco menos que ineludible librar, tanto desde la posición del propio enfermo como desde la de quienes lo acompañan. No estamos exactamente ante uno de esos “tratados del bien morir” que se estilaban en otros tiempos, pero su alcance es parecido: una lección sobre el valor de la vida y el modo de afrontar su fin.

Confuso laberinto. Javier Sánchez Menéndez. Renacimiento.  Sevilla, 2016. 139 pp.

Confuso laberintoLa quinta de las diez entregas del proyecto Fábula (“diez libros sobre la vida en la poesía”) del poeta, ensayista y editor Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) justifica desde sus primeras líneas su posición central en el conjunto, su condición de clave de un arco aún por terminar. Conserva la trabazón diarística –visible, por ejemplo, en la continuidad narrativa que articula episodios tales como los referidos a los viajes del protagonista/autor–, y un cierto fondo ensayístico, con frecuencia destilado en breves destellos casi aforísticos en torno a las lecturas preferidas del autor o más frecuentadas en el periodo de composición de este libro; pero su rasgo principal es la elevación de ese fondo de prosa reflexiva a un plano imaginativo en el que el simple apunte vivencial se transmuta en destello lírico –lo que convierte muchas de estas anotaciones en verdaderos poemas en prosa– o en planteamientos sorpresivos propios del microrrelato de vocación fantástica. La imagen recurrente es la del “confuso laberinto” que da título al conjunto: un estado mental que aúna el sueño, la intuición poética y una especie de permanente estado de alerta respecto a la posibilidad de la poesía y el riesgo de confundirla con otras cosas. “Nunca logré hablar con el otro yo que no vive conmigo, pero sí pude verlo. Y siempre en pasado. En un cuadro de Velázquez, en una foto de México o en una lectura de poemas de Claudio”.  Ese constante acecho viene a ser el verdadero asunto de este libro.

Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera. Miguel Albero. VII Premio Málaga de Ensayo. Páginas de Espuma. Madrid, 2016. 299 pp.

ALBERO_GSSV_C_IMPRENTA_20161217En castellano, el verbo “esperar” es polisémico: designa el paso objetivo del tiempo mientras aguardamos que algo ocurra y también el deseo de que algo suceda para bien del que espera. Se ocupa Miguel Albero (Madrid, 1967) en este ensayo de deslindar –con humor, pero también con rigor, así como apoyado en un amplio acarreo de referencias– los distintos significados de la palabra “espera/esperar” y sus diversas modalidades, que van desde las que se insertan en la vida cotidiana a las que afectan a las más hondas preocupaciones de orden metafísico o existencial del hombre. Aventura el autor su propia definición de “espera”, en la que salva hábilmente la polisemia del término, y finalmente propone una teoría personal de la misma y una lista de actitudes para conjurarla, que son también un alegato a favor de vivir el presente o de fijar la atención en las pequeñas cosas, antes que en los grandes objetivos que inevitablemente no se logran jamás o se logran demasiado tarde, porque “[l]a vida es espera, la espera es mala. Evita la espera cuando puedas, combátela cuando no puedas, juega, teje, crea”. Es difícil no estar de acuerdo.

Ciberadaptados. Antonio Manilla. La Huerta Grande. Madrid, 2016. 107 pp.

ciberadaptados-antonio-manillaConsigue el poeta, articulista e historiador Antonio Manilla (León, 1967) mostrarse ecuánime donde otros se dejan llevar por el apasionamiento inane o la fuerza de la mera retórica argumental. ¿Están justificadas las alarmas suscitadas por el moderno auge de las llamadas tecnologías de la información y la comunicación? ¿Verdaderamente estamos abocados al fin de la cultura humanista tal como hoy la entendemos? ¿Será el tipo humano que emerja de estos cambios forzosamente peor –menos autónomo, menos consciente de su pasado y su tradición y propenso a una sociabilidad de fundamento menos firme– que el que le ha precedido? Manilla concede amplio espacio en su ensayo a este fundado pesimismo histórico, dando a entender que el problema realmente existe y merece ser considerado con detenimiento y preocupación. Pero también sabe ampliar la mirada más allá del horizonte contemporáneo y constatar que los argumentos esgrimidos por el moderno “ciberpesimismo” no son esencialmente distintos o menos alarmantes que los que suscitaron en su día la invención de la imprenta, la extensión de los viajes transoceánicos o la llegada de la radio y la televisión. La posición del ensayista es clara al respecto: los peligros son reales y han sido bien diagnosticados –y la exposición de los mismos es, sin duda, la parte más dramáticamente persuasiva de este ensayo–, pero también sabe formular a tiempo un voto a favor de la libertad humana y de la posibilidad histórica de elegir al margen de cualquier determinismo. Entre conservadores y progresistas programáticos, “quienes consideramos que hay muchas cosas que conservar y no menos que cambiar, ¿dónde nos ubicamos?”. El propio ensayo es la respuesta: en el pensamiento crítico, en el humanismo esperanzado, en la profesión de fe en la libertad.

Imagen de portada: Office in a Small City de Edward Hopper.
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Autor/a: CaoCultura

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