Inma Márquez: cantar, vivir, cantar

La primera vez que Inma Márquez actuó en público con El Grupo sin Nombre, a mediados de los 70, su padre tuvo que dar su consentimiento por escrito. Tenía catorce años y una ilusión enorme por cantar en aquel grupo de canción protesta en el que también estaban su hermano, el artista plástico Guillermo Márquez Puyana y su amigo, el escritor y periodista Juan José Téllez. Desde entonces la música ha sido para ella el eje central de su vida profesional.

Pero no solo ha cantado: se formó como bailarina, ha sido actriz e incluso ha pasado moda, pero todo lo ha hecho cantando, siempre con la música por delante.

“El ballet nunca lo he practicado de forma profesional, pero me ha servido para aprender a moverme en el escenario. Eso es muy importante. Como actriz, actué en el grupo Cascabel durante un tiempo, pero, en cuanto vieron que sabía cantar, siempre tenía que poner el broche final con una canción, y acabé cantando. También pasé modelos de disfraces de mi hermano, pero los pasaba cantando. Siempre he cantado”, explica Inma Márquez.

De sus tiempos de El Grupo sin Nombre guarda “unas experiencias fantásticas” difíciles de olvidar: “Vivimos toda la Transición. Llegábamos a sitios a actuar y llegaba la censura y nos censuraba  las letras que hablaban de la democracia y la libertad.  Muchas veces nos decían que la policía estaba en la puerta para detenernos, pero era mentira, nos pedían el DNI y ya está. Yo no tenía, pero sí el permiso de mi padre”.

Su padre era el conocido locutor Enrique Márquez, gran amante de la música que fue quien le inculcó el amor por la canción, sobre todo por una artista que ha sido, junto a Carlos Cano, una de sus primordiales referentes a lo largo de toda su carrera: María Dolores Pradera.

Inma Márquez ha cantado mucho y ha tocado muchos palos. Es una artista polifacética a la que le cuesta elegir “porque le gusta casi todo”. En los años 90 la oyó cantar el maestro Salvador Guerrero, autor de temas como “El cordón de mi corpiño”, que la animó a dedicarse a la copla. Con él grabó dos discos: Gaditana y Rapsodia de un olvido. “A mí me gustaba la copla, pero le tenía muchísimo respeto. Para mí era como de mis mayores. El maestro Guerrero me animó a entrar en ese mundo y estuve moviéndome por toda España con él. Es una época en la que aprendí mucho. Por otro lado, yo no dejaba de cantar canción de autor y boleros y tango.  En otros ambientes yo cantaba lo mío. Llegó un momento en que me sentí saturada y decidí descansar, reflexionar y dedicarme a otras cosas”, explica Inma Márquez.

El paréntesis duró pocos años: “Me seguía llamando y a mí me seguía picando el gusanillo. Volví”, añade.

Y llegó ¡Ay, del Amor!, un proyecto muy personal que no para de darle satisfacciones. Con este disco ha visto realizarse su deseo de grabar canciones elegidas por ellas y, además, hacerlo rodeada de un montón de amigos muy especiales.

Inma Márquez.
Inma Márquez.                                                                                                                                                                                            Foto: CaoCultura.

 “La historia del disco fue muy bonita porque en principio yo tenía una idea y esa idea falló un poco, pero gracias a esos fallos el disco empezó a crecer en colaboración y canciones. Es un disco hecho y grabado prácticamente en directo en el que no hemos querido que interfieran los adelantos de hoy día. A la guitarra y en la producción está Nono García. El disco es un bomboncito, aunque esté mal que yo lo diga”, comenta la cantante.

Este trabajo de Inma Márquez está consagrado al Amor con mayúsculas, que se concreta en “muchas diferentes facetas”. Canciones melancólicas, tristes y tiernas, de encuentros y de desamor e incluso “una muy particular: ‘Suerte de nubes’, dedicada al amor en la tercera edad”.

“Como comenta mi amigo Juan José Téllez, el amor es lo único que nos salva, por eso el disco lo toma como una bandera para superar los tiempos en los que estamos viviendo. El amor es un refugio”, comenta Inma.

Es un disco en el que conviven ritmos diferentes porque la cantante asegura que se queda con cualquier cosa que la llene y que le haga sentir que está viva: “Para mí es muy difícil elegir, pero en este disco no hay copla, ni fado, ni tango, ni lírica. Hay mucho amor, poesía y temas maravillosos como el de Martínez Ares que yo creo que es la clave de este disco: la primera historia de amor que es la de Adán y Eva recogida en “Seremos pecado”.

Para Inma Márquez, cada canción es “como una pequeña obra de arte” que ella se esmera en interpretar para acercar al público a esas “pequeñas historias contada en tres o cuatro minutos”. A ella le gusta sacar su lado de actriz para “vivir esas historias” que, en realidad, nunca ha vivido personalmente más que subida en el escenario.

Aunque todavía tiene que darle “mucho vuelo a este disco”, Inma Márquez  tiene abiertas “otras puertas y otras ventanas” y ya anda metida en nuevos proyectos que tendrán al tango como protagonista: El 12 de diciembre presentará nuevo espectáculo en la Lechera y mañana por la noche se presentará en la sala Pay Pay con Luna de tango. Estará acompañada por los bailarines Alycristango y por la guitarra de José Mª Gutiérrez.

Autor

  • Mª Ángeles Robles

    Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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