El nomadismo ilustrado de Elisabeth G. Iborra

Elisabeth G. Iborra  es tan luminosa y apasionada como el Sur. Será que tira la sangre andaluza siendo hija de emigrantes. Será porque ella es de aquí, claro, aunque venga de cualquier otro lugar y sea zaragozana de origen.

Nómada de nacimiento, como se autodefine, lo suyo es el “nomadismo ilustrado”, y va explorando, por puro instinto, aquellos sitios donde vivir, aquellos rincones de la geografía donde quedarse, un año, o dos, o solo un rato. Agota  las ciudades como las parejas. Eso dice. Y va viviendo etapas, quemando momentos. Evolucionando de forma constante y escribiendo sin descanso.

Elisabeth G. Iborra. Foto: Carmen Romero.

Elisabeth G. Iborra.
Foto: Carmen Romero.

Ahora vive en Cádiz. Y no sorprende, cuando se conoce su estilo de vida, verla comerse la ciudad, de punta a punta, sobre una Motoretta ochentera, en minifalda y con tacones. Roza la excentricidad más exquisita. Auténtica bohemia.

Y la excusa para hablar de Elisabeth G. Iborra es la publicación, y reciente presentación, de su último libro El amor me persigue, pero yo soy más rápida (Planeta de Libros), una novela que no es romántica, pero sí de amor. Sensual y sexual, pero también densa e intelectual, como se observa en los diálogos y discusiones de Mar y David. Pero también  es toda una guía turística de la costa de la provincia de Cádiz, de Conil a Tarifa, y de vuelta, en la que la que el alter ego de la autora va descartando lugares en los que refugiarse, huyendo del ambiente hipster y gafapasta del mundillo literario del Madrid actual. Mar, la protagonista, es escritora, y ávida de amor, ansiosa por sentir, huye de todo lo que busca, justo cuando comienza a encontrarlo.

En las páginas de esta novela nos encontramos, como es habitual en esta autora, buena literatura, también una lectura fresca, con altas dosis de didactismo muy lejos del tono de los libros de autoayuda. Nada que ver. Pero sí bucea en las relaciones humanas, en el sentido de éstas, en los porqués, en los problemas de convivencia, buscando respuestas a dudas y posibles soluciones a conflictos cotidianos, o no tan cotidianos, pero que seguro nos sorprenden a lo largo de la vida.

Pretende salvar los obstáculos que puedan plantearse a través de una visión mucho más constructiva y sana, más adulta, de la que nos venden sobre el amor, sobre lo que ha de ser, sobre el sentido de “sacrificio” que se supone que se ha de tener y entrenar. El amor no como una necesidad de que el otro cubra las carencias que uno mismo no sabe llenar. El sexo irrenunciable, entre los protagonistas, “seguramente con la pasión y la calidad que no deben faltar en una pareja que se precie de estar juntos por amor y no por necesidad de compañía”.

Con un sentido del humor a veces complejo, las profundas reflexiones están aderezadas con el más explícito erotismo e hilarantes escenas casi pornográficas. El entretenimiento está servido. La polémica, quizá, también.

La autora, con El amor me persigue, pero yo soy más rápida, demuestra estar en su mejor momento, y prueba de ello es el reconocimiento y la crítica, muy positiva, de este título y de los otros que son parte de su obra. Brillante trayectoria sin duda.

11096627_809634069125234_9200419158433179079_nNovelista de éxito. Periodista, por encima de todo, y siempre, colabora en cantidad de medios importantes del país y algunos europeos, aunque ahora escribe básicamente para el suplemento cultural Territorios de El Correo, y para las editoriales en las que encajan sus libros.

Incansable, con una energía desbordante, Elisabeth G. Iborra también tiene tiempo para emprender, y ha puesto en marcha su propio proyecto personal como periodista freelance, con vistas a realizar una encomiable labor social, dotando de voz a aquellos que quieran denunciar algo concreto, o que se hable de algún tema, y carezcan de fuerza suficiente para hacerse oír.

Este proyecto, llamado Periodistas por Encargo, nutrido mediante el sistema de crowdfunding, tiene como objetivo, según su impulsora, recuperar la función social de periodismo. Su sueño inmediato es volver a hacer el periodismo que se ha perdido en los grandes medios.

Sigue alcanzando todas sus metas, ya cumplido su sueño más importante desde los seis años: ser periodista. Ha conseguido incluso, durante muchos años, vivir bien de esta profesión, y ahora, escribe libros, los libros que quiere, y los escribe como quiere, impregnándolos de su fondo personal, una formación que se nutre con los clásicos, con influencias de la literatura beat norteamericana, el Realismo Mágico, la poesía del 27.

Y todo contribuye sin duda a alcanzar la calidad literaria más que suficiente para estar a la altura de admirados referentes como Maruja Torres o Juan José Millás.

Elisabeth G. Iborra vive y escribe sin miedo. El éxito persigue sus pasos, y casi siempre, logra alcanzarlos.

Rosario Troncoso

Autor/a: Rosario Troncoso

Profesora. Escritora. Editora y directora de El Ático de los Gatos. Articulista y gestora cultural. Gente. Arte. Gastronomía. Curiosidades.

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