Amor, milagros y elocuencia de San Antonio de Padua

La tradición madrileña y San Antonio de Padua. José Manuel Fraile Gil. Lamiñarra. Pamplona, 2024. 175 pp.

Aunque son abril y mayo quienes se llevan la fama de lo que Julio Caro Baroja llamara “la estación del amor”, el mes de junio alberga (además de la magia del solsticio de verano) los dos santos más amorosos del calendario tradicional: San Antonio y San Juan. Sobre el primero trata este sabio y primoroso libro de José Manuel Fraile, quien sin duda es, hoy por hoy, el mejor conocedor del folklore peninsular.

Abogado de lo perdido, de lo olvidado, de lo buscado y, sobre todo, de lo anhelado (¿quién no le ha pedido alguna vez un novio a San Antonio?), este santo lisboeta ha pasado a la historia siendo llamado “de Padua” por haber fallecido en esa ciudad italiana en 1231. En una vida no muy larga -como corresponde a todo icono romántico- San Antonio tuvo tiempo para desarrollar una intensa labor como predicador y para dejar boquiabiertos a muchos con un rosario de milagros y portentos: está probado que predicó con éxito a animales salvajes y domésticos, que tuvo varios episodios de bilocación o que su “elocuencia divina” hacía que, hablando en un solo idioma, lo entendieran oyentes de diferentes naciones y lenguas.

Fraile Gil traza un delicioso y documentado recorrido por la biografía del santo y, haciendo gala de un conocimiento extraordinario de la iconografía popular, explica con palabras, testimonios e imágenes cómo se ha ido sedimentando en nuestro archivo memorial ese San Antonio al que tratamos con tanta confianza. Un santo joven, aniñado incluso, con eterno hábito pardo de franciscano, el mismo hábito “con el que se enterraron durante generaciones desde los reyes a los menestrales, llevándolo en vida por voto muchas mujeres hasta hace bien poco”. Un santo tiernamente acompañado por el Niño y por unas azucenas, símbolo de pureza, retratado así desde antiguo en cromos, medallas, aderezos y gargantillas. Un santo doméstico, próximo, portátil, permeable a las modas, un santo kitsch, “que no pudo escaparse de la costumbre edulcorada de llenar los misales y libros de rezos con estampitas coloreadas y cursis, costumbre extendida a las imágenes devotas que, fabricadas en material fosforescente merced al sulfuro de zinc, se instalaron en las mesitas de noche para iluminar con tenue halo verdoso la oscuridad nocturna”.

El Madrid urbano y rural se prestó con diversidad de devociones, al menos desde el siglo XVII, al culto de San Antonio, por lo que Fraile Gil dedica un detallado e interesantísimo capítulo a tal asunto: los templos y ermitas que acogen la fe y las principales figuras del Santo portentoso (San Antonio de los Alemanes, San Antonio de la Florida), las verbenas y romerías en su honor, y por supuesto los rituales que lo vienen convocando durante cientos de años, principalmente ése de pedir novio que las modistillas madrileñas y de otras lindes canalizaron con oraciones y adornaron con humildes exvotos de monedas y alfileres. “A San Antonio le pido que me dé un novio / bueno y bonito y con dinero /que no sea ignorante ni majadero”.

Como es habitual -y regocijante- en todos los libros del autor, éste de San Antonio se ha gestado sobre fuentes librescas y orales, en igual proporción, dándonos a conocer así todo lo que se sabe del santo: lo proveniente del saber erudito y lo proveniente del saber popular, destilado éste en romances, oraciones, ensalmos, refranes, conjuros y coplas diversas. Los testimonios proporcionados por los transmisores conforman un capítulo especialmente frondoso y conmovedor y salen de los ininterrumpidos trabajos de campo realizados por José Manuel Fraile desde hace más de cuarenta años. Aquí podemos leer y oír todos esos versos que delatan la familiaridad con lo sobrenatural que la tradición ha amasado durante siglos y que la civilización tan mal entendida ha fulminado en unas pocas décadas. Recogidos muchos de la voz anciana de mujeres y hombres que llegaron a conocer esa intimidad con el cielo, el repertorio poético-musical abarca los romances que relatan los milagros y hechos portentosos del santo, como el popular de San Antonio y los pajaritos, que los niños de los labradores cantaron confiando en imitar así la elocuencia del santo y sus milagrosas prédicas a los animales; hay también un puñado de oraciones y ensalmos domésticos para encontrar lo perdido (“Antonio, Antonio, / que lo perdido sea restituido, / que lo hallado sea bien guardado…”), y desde luego un corpus de seguidillas y coplas que oscilan entre la alabanza al santo (“San Antonio bendito / tiene un niñito / que ni come ni bebe / y está gordito”) y la burla, porque la tradición oral siempre fue inocente y crédula hasta cierto punto: “Si tu madre no quiere / que tengas novio, / que te meta en la urna / con San Antonio”.

Leer y -como digo- oír. Porque ese San Antonio permeable a todo tipo de modas, dúctil y cercano, baja otra vez del cielo y se posa en este hermosísimo libro en forma de códigos QR. Su último milagro: acercar el móvil a la página y escuchar lo que nos tienen que decir y cantar las voces antiguas.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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