No hay marcha atrás en la economía digital

La digitalización de la economía es un proceso abierto en el que los sectores productivos más clásicos van transformándose en la materia prima de nuevas empresas virtuales. Las empresas digitalizadas ganan valor porque se encuentran más próximas al consumidor. Los sectores del capital intangible son los que están experimentando un mayor crecimiento por el uso que hacen de la información y de la comunicación, con las que crean valor añadido en cada uno de sus procesos y  servicios.

Sin embargo, todavía no terminamos de comprender los valores del modelo digital ni las oportunidades de riqueza que ofrece ni, lo que es peor, tampoco el peligro que amenaza a las sociedades que se quedan atrás, que se verán condenadas a la desaparición si no se integran. Mientras aún fabulamos con la reindustrialización, se nos ha venido encima esta nueva realidad, a la que no tenemos en cuenta a la hora de definir nuestro futuro; de hecho, la presencia digital de Cádiz se ha reducido enormemente en el mundo web, de forma que ahora es una tercera parte de la que se registraba hace una década.

Si bien retóricamente se admite que la información y la comunicación son valiosas, no se termina de asumir que constituyen la base de la Sociedad de la Información, ni la lógica de que a partir de la Economía de la Información se desarrolla también la Economía del Conocimiento, que genera nuevas soluciones a los problemas a través de normas, modelos y métodos propios.

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Una empresa o entidad puede adoptar una forma abierta, autoorganizarse, y obtener beneficios si su actitud es compartir y dar la espalda al secreto como lógica de la información corporativa, porque la transparencia acelera los negocios y fomenta la lealtad de clientes y de trabajadores. Las empresas horizontales son atractivas porque proponen empatía y diversión, frente a la rigidez del poder de las jerarquías. De la misma forma, frente al rígido sistema de propiedad intelectual, que restringe las oportunidades de innovación, renunciar a ese derecho y compartir conocimiento a través de la comunicación impulsa la creatividad y la creación de valor. Porque con la conectividad el mundo se ha ensanchado y la clave es global; en esta dimensión se impulsa el crecimiento económico al interior y al exterior de sus fronteras.

Pero seguimos viviendo de espaldas a una realidad que está al alcance de nuestras manos, y eso que ya van veinte años desde que Dan Tapscott definiera la economía digital. Por mucho que la digitalización vaya transformando los modos de todos los fenómenos humanos, desde lo social a los negocios, parece que no ha cambiado mucho nuestro concepto de la riqueza y de las necesidades, la forma de hacer economía. La economía digital, a partir de la revolución de la comunicación, se apoya en la inteligencia humana en red, en otras formas de relacionarnos, de dar valor a las cosas o de entender cómo se reducen los costes marginales para los bienes intangibles y para la cultura. Lo cierto es que cada uno de los campos de la actividad pública, desde la educación a la política y el conjunto de lo social, se revitaliza a partir de la penetración y las transformaciones que desencadenan las TIC.

Lucía Benítez Eyzaguirre

Autor/a: Lucía Benítez Eyzaguirre

Periodista y apasionada de la innovación y las tecnologías. Experta en Software Libre. Profesora de la Universidad de Cádiz, en los máster de Marketing digital y Gestión e Innovación en Comunicación. Directora de la revista científica Redes.com. Socióloga, realizadora de documentales.

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