Ana Claudia Santos: “La poesía me despierta, me adormece y me fuerza a continuar”

Para hablar con los muertos, recomendaba el poeta chileno Jorge Teillier, “hay que elegir palabras / que ellos reconozcan tan fácilmente / como reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad”. Esos versos aparecen en mi mente cuando avanzo en la lectura de la poesía de Ana Cláudia Santos (1996), sobre todo ante un título tan suntuoso como O Espectro.

Conocí a Ana Cláudia en Loulé, en el Algarve portugués, durante el Festival Poesías do Mundo, donde inauguró la segunda jornada junto al músico Diogo Lourenço, llevando a escena una parte de ese universo en una combinación de poesía, guitarra eléctrica y sintetizadores. Ella, de personalidad más bien tímida, parece habitar una contradicción: habla con cierta cautela, pero sus poemas no dejan de buscar caminos hacia aquello que no tiene una respuesta evidente.

En dicho libro, publicado en 2024 por las Edições Casa Florbela Espanca, esa búsqueda adquiere una dimensión entre el mundo terrenal y el más allá. La obra reúne ocho poemas y establece un diálogo con la vida, la obra y la muerte de Florbela Espanca, una de las grandes presencias de la poesía portuguesa.

Hay algo llamativo en la lectura de sus poemas. Junto con ser una obra trilingüe, publicada en portugués, inglés y español, cada versión refleja un imaginario visual que su autora resume como un universo “fantasmagórico, sombrío y asombrado”. Ocurre en textos como “La primera vez que vi un muerto”, donde la experiencia infantil de asistir a un velorio junto a su abuela se transforma en una reflexión sobre la existencia. Lo sobrenatural, la espiritualidad, la memoria, la naturaleza y hasta lo virtual forman parte de una misma exploración de los límites de la realidad.

Desde la publicación de Meia-Vida, su primer libro, en 2020, Santos ha mantenido una activa trayectoria poética que la llevó en 2021 a recibir el premio nacional New Talent, además de crear podcasts, participar en proyectos de poesía y música y continuar llevando su trabajo a festivales y espacios literarios portugueses.

Lisboa ha sido parte fundamental de ese recorrido. Estereotipada como una ciudad de poetas, llegó hace doce años para estudiar Literatura y terminó quedándose. Pero la capital que encontró entonces ya no es exactamente la misma. Los precios, el ruido y la transformación del centro histórico también han modificado su relación con ella. A veces, dice, necesita salir de Lisboa para volver a mirar. Incluso los dos últimos poemas que había escrito antes de nuestra conversación nacieron lejos de la ciudad.

Quizás esa necesidad de alejarse para volver a observar explique también parte de su poesía, aún sin traducción editorial publicada hasta ahora en España. “Siempre sentí que podía existir algo más que todo lo que veo o siento”, dice en esta entrevista.

En 2026, esa búsqueda comenzó a adquirir una dimensión internacional. Entre junio y julio participó en Disquiet, el programa literario internacional organizado en Lisboa por el Centro Nacional de Cultura y la editorial estadounidense Dzanc Books, que reunió a más de un centenar de escritores estadounidenses y autores lusófonos. Para Ana Cláudia fue también la primera vez que leyó y conversó en inglés ante un público extranjero.

Ana Claudia Santos. Foto: Joana César.

Pero quizás su mayor territorio siga siendo el de las preguntas sin respuesta: aquellas que pueden aparecer frente a un muerto, en una carta del tarot, en las calles de Lisboa o en la soledad de una habitación. Preguntas que, en su poesía, todavía tienen muchas caras por descubrir.

-El libro O Espectro presenta poemas que hablan sobre la luz de la vida y la muerte, en un lenguaje tan simple y sereno escrito por quien no tiene miedo de morir. Comenzaste a escribir a los catorce años, pasando mucho tiempo sola, para así pensar en la vida. ¿De dónde y cuándo surgen esas inquietudes sobre los límites de la realidad?

Creo que una de las razones para haber desarrollado ese interés por los límites de la realidad comienza en el hecho de haber crecido en un contexto muy seguro y pacífico. Era apenas una niña normal, inserta en una familia estable y privilegiada en ese sentido. Tenía, por eso, toda la libertad y relajo para pensar, reír y formular hipótesis sobre el mundo.

Soy hija única y pasé mucho tiempo sola. Todavía hoy adoro estar conmigo misma. Es así cómo me siento mejor. Estas inquietudes siempre me han acompañado. Siempre sentí que podía existir algo más que todo lo que veo o siento. Era casi como si consiguiera probarlo por mi cuenta, pero nunca conseguía encontrar las palabras. La poesía fue una solución para ese problema, porque con ella consigo além-sentir (ir más allá del sentir).

-Tu sueño es poder vivir exclusivamente de la poesía, pero has dicho que Portugal es una sociedad que «todavía se ríe» de quienes quieren vivir del arte. ¿Cómo lidiar con vivir tu vida a dos tiempos? ¿Cómo concilias el trabajo durante el día y la escritura durante la noche?

Si, creo que debemos luchar por nuestros sueños. Es eso lo que me da deseo de levantarme por la mañana. Es la poesía la que me despierta, la que me adormece y me fuerza para continuar. Es un objetivo que me mantiene viva, feliz, interesada y en contacto con el mundo y conmigo misma. En Portugal todavía no existen muchas oportunidades en esta área, pero veo que el nicho poético crece cada vez más, y me hace estar contenta de poder ser parte de este movimiento. 

En cuanto a la forma en cómo conciliar el trabajo con la escritura, muchas veces no lo logro. No siempre es fácil. Tengo que hacer sacrificios, porque la vida es más grande que mi voluntad. Pero el “botón” de la poesía siempre está conectado. Es como si estuviera siempre escribiendo, incluso cuando no lo estoy.

-Creaste con Diogo Lourenço, tu compañero, un dúo combinando tus poemas con la guitarra eléctrica y sus sintetizadores. Presentaron esta colaboración en festivales como el MED, en Loulé. ¿Qué aporta la música a tus poemas que la palabra, por sí sola, no puede alcanzar? ¿Crees que la poesía necesita, a veces, de otras artes para llegar a más personas?

Desde siempre he disfrutado de la música y tuve un gran gusto por el escenario, por leer aquello que escribo y compartirlo con otros. Este proyecto surgió de forma muy natural, hace casi cerca de diez años, como otra forma de expresar mis poemas. Siento que en ellos encuentro una música que Diogo crea en una dimensión diferente. Diogo es una persona perfecta para esta colaboración, porque logra ir hacia la profundidad del poema y traer esa esencia a su propio lenguaje. Hay una conexión entre aquello que escribo y aquello que él crea. Muchas de las inspiraciones para mis escritos parten también del imaginario visual de algunas bandas de música, como Black Sabbath. Todo ese universo fantasmagórico, sombrío y asombrado está muy presente en mis poemas. La música no sustituye a la poesía, pero es un complemento, otra forma de hacerla llegar a las personas y darles vida. Y es algo que me da plaza y disfruto mucho de ello. 

Santos, durante su intervención en el festival MED de Loulé. Foto: R. Olave.

-Veo que lees el tarot y tienes una conexión con el color morado. ¿Es verdad que nosotros, los poetas, conseguimos ver, a través del lenguaje, cosas que otras personas no perciben? ¿Cómo vives tu espiritualidad en tu día a día y cómo se refleja eso en tu escritura?

Creo que todos tienen la capacidad de percibir cosas que otras personas no perciben, basta estar atento a lo que nos envuelve. Mi espiritualidad es personalizada (risas), y vive dentro de mí. Cuando me despierto, cuando me acuesto o duermo una siesta, agradezco siempre por todo lo que tengo y pido algunos deseos. También acostumbro a hacer unos pequeños hechizos para atraer aquello que quiero o lo que me haga sentir bien y tranquila. 

El tarot, lo vivo fuera de mí, porque solo hago lecturas a otras personas. No me interesa saber lo que va a ocurrir, porque en este momento, me siento y satisfecha con todo lo que tengo. Prefiero dejarme sorprender por lo que la vida me va a traer. Sin duda que mi escritura está muy inspirada por este lado espiritual, gran parte de los temas que exploro pasan por lo sobrenatural, la magia y por preguntas imposibles de responder. 

-Vives en Lisboa, una ciudad dominada por el fantasma de Pessoa que todavía nos inspira. ¿Cómo es vivir y escribir en esta capital del mundo?

Siendo sincera, en este momento no siento que sea fácil para mi vivir en Lisboa. Hay algo en esta ciudad que siento que me está quitando la inspiración. Los precios están muy elevados, y es una ciudad ruidosa y desorganizada. Ya vivo acá hace doce años. Vine para estudiar Literatura y me terminé quedando. Pero el Lisboa que conocí cuando llegué ya no es el mismo que existe hoy. También yo estoy diferente, claro. A veces, cuando estoy en el casco histórico, tiendo a acordarme de que Fernando Pessoa pasó por estas mismas calles, y todavía consigue sentir un bocado de esa magia, de esa presencia que lo mantiene vivo. Lisboa es donde vivo y donde soy muy feliz, pero a veces necesito salir de aquí para lograr escribir. Necesito alejarme para volver a mirar, sentir y vivir las cosas de otra forma. Los dos últimos poemas que escribí nacieron al estar fuera de Lisboa y poder ver, sentir y experimentar cosas que no encuentro dentro de ella.


-Haz hecho talleres de creación literaria, guiando a otras personas en el camino de la poesía. ¿Cómo afrontas la responsabilidad de dedicarte a eso? ¿Qué es lo más difícil y lo más gratificante en ese proceso?

Enfrento esta responsabilidad de forma ligera y relajada, porque sé que aquello que busco crear es en un contexto donde las personas puedan escribir de forma segura y libre. No sé los secretos de la escritura, ni me propuse enseñar a escribir. Lo que me gusta es crear espacios donde las personas se sientan con la voluntad de experimentar.  Adoro crear oficinas, preparar los ejercicios, estar con las personas y oír aquello que escribieron. Adoro también el ambiente que se crea al final, cuando ya estamos todos cómodos, y conversar sobre aquello que acabamos de compartir.  Ha sido una experiencia muy bonita. Lo más difícil tal vez sea mostrar que la escritura no tiene que ser algo complejo o inaccesible y que cualquier persona tiene derecho a intentarlo. Lo más gratificante son los momentos de compartir, una especie de espacio de confianza, intimidad y secretos.  


-Participaste recientemente en el programa literario internacional Disquiet, que reúne a autores portugueses y extranjeros. ¿Qué significa para ti como poeta portuguesa compartir con escritores de otros idiomas y culturas? ¿Qué aprendiste de ese intercambio?

Fue la primera vez que hablé y leí en inglés para un público extranjero y estoy muy agradecida por esta oportunidad. Al inicio estaba un poco nerviosa, como ocurre siempre que hago algo por primera vez. Significó mucho para  mí poder ser una de las escritoras lusófonas invitadas a participar. Percibí que existen tantos, pero tantos escritores y poetas que todavía no conozco. No sé cómo voy a hacerme el tiempo para leer y conocerlos a todos, pero adoro la idea de que eso sea posible. Compartí una sesión con la poeta Emily Duffy y tuve la oportunidad de conocer a la escritora norteamericana Terri Witek, cuya presentación me dejó maravillada. Todavía hoy pienso en eso. Espero un día tener también la oportunidad de ir a los Estados Unidos y compartir mis escritos por allá. Sé que es un sueño pero un día se podrá realizar…

Autor

  • Ricardo Olave Montecinos

    Ricardo Olave Montecinos (Temuco, Chile, 1997). Poeta y periodista. Su estética radica entre la nostalgia y la poesía situada. Ha trabajado en medios culturales aportando artículos y traducciones. Publicó en Chile 'Enclaustro' (Tortuga Samurái, 2022), el cual en 2023 fue traducido al francés. Sus cuentos han sido seleccionados en las ediciones 2021 y 2023 de Araucanía en 100 palabras. En 2024, inauguró el festival Poetas a la Calle en Fundo El Carmen, con la instalación de un memorial al poeta chileno Jorge Teillier. En 2025, recibió la beca de creación literaria del Fondo del Libro chileno por el poemario inédito Portugal Blues. Acaba de publicar el libro digital 'Lo ruiziano: definiendo qué (chucha) es un Raúl Ruiz'.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *