Fragilidad desde el espacio

‘Alpinistas de Marte’. Daniel Cotta. Pre-Textos. Valencia. 2020. Premio de Poesía Antonio Oliver Belmás 2019. 64 pp.

La saturación de una poesía urbana y de la naturaleza ha llevado a Daniel Cotta (Málaga, 1974) a explorar los mecanismos poéticos desde su relación con el cosmos, y el resultado es la creación de un hermoso libro donde la poesía fulgura: Alpinistas de Marte (Pre-Textos).

El escritor malagueño, después de haber dado a la imprenta obras con un buen recorrido, sigue mostrándose tan sólido como singular en Alpinistas de Marte, con la que obtuvo el XXXIII Premio Internacional de poesía «Antonio Oliver Belmás”. Por la temática tratada, podría ponerse en relación con Dios a media voz –incluso con la novela Verdugos de la Media Luna–, y, por su estructuración, con El beso de buenas noches, logrando, en suma, una racha de buenos libros.

El título coloca al sujeto poético fuera de la órbita terrestre, en un espacio imaginativo que logra la atención del lector en todo momento, por su anclaje al ritmo y a las relaciones que tiene el sujeto con el cosmos; relación íntima a pesar de todo con las estrellas, astros y planetas. Tal vez, el poema “Monte Olimpo de Marte” concierne al lector, en su cotidianidad, como una llamada a seguir dando pasos en la vida a pesar de la verticalidad: “Lo que debemos es seguir subiendo, / trepar sin tregua, encaramarnos siempre, / hacer de nuestros cuerpos abatidos / el siguiente peldaño”.

El conjunto de cuarenta y una composiciones está felizmente urdido no sólo desde las motivaciones temático-estilísticas sino también de las motivaciones titulares, así el título principal guarda una correspondencia semántica con el resto, consiguiendo una obra coherente y bien cohesionada, lo que nos lleva a pensar que Daniel Cotta no ha concebido poemas entregados al azar, sino que ha planificado la estructura al detalle.

“Primero sólo existía lo simple…”, escribía Ernesto Cardenal al situar el nacimiento del Universo al modo de Lucrecio, pero en el caso del escritor malagueño, la visión insólita y asombrosa de nuestro planeta desde fuera sirve para comprender muchas cosas. La riqueza de Alpinistas de Marte se halla en su capacidad interpretativa. Un posible inicio podría ser el poema “Carta de un desterrado”: “Desde que cumplo mi destierro en Primmo, / hoy por primera vez lloro por mí, / y quería contártelo”. En estos versos donde el sentimiento es tan hiperbólico como el espacio visible, la confesión del sujeto en presente nos sitúa en otro lugar, con alusiones al desencuentro amoroso y referencia becquerianas o shakespeareanas. Por otro lado, se muestra saliniano en el empleo de los pronombres. Su uso trata de capturar lo exacto: “Donde alumbró primero fue en mis ojos”, como puede leerse en “Impronta”, otro título que, perfectamente, podría haber encabezado el conjunto.

En este diario íntimo interestelar, que es Alpinistas de Marte, se presenta un sujeto aislado, el plural es parte del pasado, como puede leerse en “Presos de un sinsaber”: “Allí fuimos a fluir tú y yo, / a dejarnos llevar por la corriente / de cara al firmamento”. El discurso poético no se evoca sólo desde el presente sino desde la comprensión del pasado y también para la evocación futura. La asunción del pasado permanece más allá de los ojos, más cerca del latir del corazón, como el enunciado de “Método para eternizar una estrella”: “Sé que esta estrella a tres mil años luz / ha muerto ya, pero no en mis ojos”. Para concluir en la unión eterna, la cercanía absoluta, como resultado, a priori paradójico de la distancia: “Y mientras más me vaya, / más siempre te tendré”. Del mismo modo se podría entender la serie de poemas, “Ora et labora”, “Signo” o “Lo que queríamos saber”, entre los que se establecen distintas correspondencias semánticas que reflejan instantes de plenitud lírica.

A pesar de todo lo contemplado desde fuera, el marco astral constituye al ser en asombrosamente frágil, por lo que la expresión repara en pequeños detalles sobre una mirada desde fuera: “Sé una ecuación para eludir las fauces / de un Agujero Negro. Y todavía / no me puedo explicar una amapola”, evoca en “Lo inexplicable”.

Daniel Cotta.

Esta confidencialidad, con ojos de astronauta, nos sitúa ante algo tan intemporal como la pérdida de orientación cuando probamos el amor, a la manera lopesca, aunque su expresión sea desafiante, dada la distancia en que se sitúa el sujeto en un elocuente “Saber de la noche”: “¿Qué va a saber de noche / quien no la está mirando cara a cara, / como yo?”. A veces, incluso tanta distancia le impide “evocar un árbol o unos ojos”, dirá en “Inexistencia”. La elección del presente le impide soñar. En él hallamos una correspondencia intertextual, entre este, Alpinistas de Marte y su libro anterior, El beso de buenas noches, cuando el sujeto sueña con la muerte. En el primero puede leerse en la conclusión de “Hibernar de muerte en muerte”: “ahora estoy a punto de dormirme. / Naceré como un cedro milenario”. Y en el segundo: “Soy yo, recién salido de la lápida. / Soy yo, recién resucitado”. En ambos casos nos sitúa a los lectores en una representación del sueño como forma ilógica de nuestra realidad, perteneciente a otro mundo, lo que desemboca en interrogaciones para descartar el dilema sueño o realidad, así leemos en “Como si hubiéramos estado juntos”: “He estado allí a tu lado / o seré yo quien trae consigo el virus?”

Como se observa, el tono de la poesía de Daniel Cotta es tan cercano como reflexivo, las imágenes plásticas sorprenden al lector con gran capacidad de evocar ambientes y circunstancias que se corresponden con un tono particular con el que son escritos: “Lo único que existe / es esta soledad tuneladora”, en “Pretérito indefinido”. Tanto es el distanciamiento con lo contemplado que ejerce sobre el sujeto una transformación, motivo de constante asombro, así se corresponden estos versos pertenecientes a poemas consecutivos: “Y soy distinto porque tengo miedo” (en “Brujería”), “me cuesta ser el mismo que los vio” (en “Pretérito indefinido”).

El poeta malagueño maneja a la perfección los mecanismos rítmicos tanto en composiciones libres como apegadas a la tradición. En esta práctica son dignos de mención el poema “Intenciones”, unas coplas octosilábicas en asonante, y “Venus en ti y tú en el cielo”, un soneto endecasilábico con rima consonante.

Las descripciones nunca son tediosas en Alpinistas de Marte sino sorprendentes, misteriosas. No hay trampantojos visuales de la imaginería barroca; ningún juego de sombra entre quienes contemplen las realidades de la serie de poemas que cierran el libro: “Fin del diario”, “El fin”, “Singladura” y “Funeral”. Curiosamente, del planeta Tierra destaca el aspecto negativo, especialmente, “su globo florido de mentiras”, según se recoge en “Ora et labora”. Sin embargo, diremos una verdad: este libro de Daniel Cotta causa un placer duradero.

Jesús Cárdenas Sánchez

Autor/a: Jesús Cárdenas Sánchez

Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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1 Comentario

  1. María Jesús Ruiz

    Qué hermoso, muchas gracias

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