Memoria del hambre

Reflexión noventayochista: la médula de España es el hambre. Tan arraigada en nuestra intrahistoria, tan presente en nuestro arte está, que en Madrid debería haber un Museo del Hambre, a la manera del Museo de la Diáspora de Tel Aviv. En aquel –como en éste– sucesivas puertas (salas) nos irían abriendo al conocimiento de lo que no fuimos, que paradójicamente constituye la esencia de lo que somos.

La Puerta de la Literatura contendría inolvidables fragmentos de El Lazarillo de Tormes y de muchas otras de su género, empeñadas todas en dignificar al hambriento atribuyéndole el consabido ingenio del que debe buscar: “Viéndome con tanta necesidad siempre noche y día estaba pensando la manera que tenía en sustentar el vivir. Y pienso, para hallar estos negros remedios, que me era luz la hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario con la hartura, y así era por cierto en mí”. Y empeñadas también en degradar la avaricia mezquina del que, teniendo qué comer, no lo hace por evitar el gasto, tal que así retrata Quevedo al espantoso Dómine Cabra: “Las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer forzada por la necesidad…”

'Dos viejos comiendo sopa', de Francisco de Goya.

‘Dos viejos comiendo sopa’, de Francisco de Goya.

La Puerta de la Pintura nos deslumbraría con magníficos cuadros de Velázquez, Goya o Murillo, en los que el hambre es, unas veces, humilde y casi tierna, como la de la vieja friendo huevos o la de los niños encaramados a un mendrugo de pan y, otras, áspera y sombría, como la de los hombres desdentados que comen sopa. Y allí hablarían también del hambre los rostros macilentos, las máscaras forzadas y los toreros pobres de Gutiérrez Solana.

La Puerta de la Etnografía mostraría al hambre como bien etnológico de interés patrimonial siguiendo, por cierto, esa consideración panteísta del patrimonio inmaterial a la que la UNESCO ha dado marco y a la que las comunidades autónomas glorifican desde el etnocentrismo. Del hambre –patrimonio del alma– podría trazarse una carta etnográfica en la que se incluyeran canciones, refranes, dichos, sentencias, oraciones, rituales, costumbres paganas y devotas y hasta recetas culinarias del no comer… Nuestra última posguerra –bien recordada– daría para eso y mucho más. Serían así patrimonio-a-poner-en-valor las piedras que nuestros padres y abuelos ponían en la cola de la cartilla de racionamiento para guardar el turno, el membrillo o el boniato hurtado al vendedor ambulante, el “puchero capón” –sin carne y sin verdura (¿)– o el conocimiento necesario para repartir un huevo frito entre cinco hijos.

Una escena de 'Las Hurdes. Tierra sin pan', de Luis Buñuel.

Una escena de ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’, de Luis Buñuel.

La Puerta del Cine debería tener un visionado obligatorio de Las Hurdes, tierra sin pan, esa película que tan sagazmente tituló Buñuel en francés, para así sugerir el nombre de España, la patria del hambre: Terre sans pain. Y desde luego un rodillo que repitiera hasta la saciedad el engaño al hambre que el franquismo y sus piadosas damas nos grabaron a fuego: “Siente un pobre a su mesa”. Y un agradecimiento muy especial a Luis G. Berlanga, arqueólogo del hambre española. Junto a la del Cine, la Puerta de la Música estaría completa con las Canciones para después de una guerra de Martín Patino.

Por fin, la Puerta de la Televisión reproduciría la opulencia hortera actual, ésa que no hace sino delatar nuestra alma hambrienta, nuestra alma secularmente habituada a la carencia e incapaz por ello de saborear lo elaborado.

Un museo de bajo coste, en el que los únicos alardes fueran de ingenio, acorde con este país pobre, tan pobre.

Imagen de portada: Vieja friendo huevos de Diego Velázquez.
María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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