Las quince rosas de Grazalema

Teresa Menacho Palacios trabajaba haciendo los flecos de las mantas de lana. Esta dedicación conectaba sus manos con la tradición que dio fama a Grazalema en todo el país durante décadas. Pero mientras desenredaba la materia prima la villa ya arrastraba una decadencia de medio siglo. El día de su desaparición iba con una faldita fruncida, una blusita, un piquillito de lana y su delantal. Tenía cuarenta años. Así lo rememora su sobrina nieta Amparo, y lo cuenta en el documental Sucedió en Grazalema, un homenaje audiovisual a las llamadas Quince Rosas grazalemeñas, las mujeres fusiladas en 1937 y sepultadas, junto con un adolescente, en una fosa común en la finca Retamalejo de este término municipal. Teresa gustaba del cante y el baile y tocaba muy bien las castañuelas, y son estas credenciales artísticas las que hacen inexplicable su destino trágico, su asesinato por quienes se sublevaron contra la República. Su sino, como el de las demás víctimas de este grupo femenino, lo ha hilvanado el guionista David Doña y lo ha plasmado en este documental realizado y editado por el Servicio de Vídeo de la Diputación de Cádiz y que fue presentado al público el pasado 28 de septiembre.

Los cuerpos de estas mujeres fueron localizados en 2008, acumulados en una pequeña fosa clandestina de 2,40 por 1,40 metros y exhumados entonces en una excavación dirigida por los arqueólogos Jesús López y Jesús Román. Este último explica que estos restos humanos aparecieron con claros signos de violencia. Habían sido arrojados sin piedad y eso dificultó las tareas para individualizarlos. Uno de los cráneos apareció fragmentado por la acción de un objeto contundente, lo que indica que esta persona fue rematada de un balazo, según concluye el arqueólogo Jesús Román, quien refiere otras evidencias relacionadas con el uso de la violencia contra estas víctimas indefensas: se hallaron elementos vinculados tanto con armas de fuego como con armas blancas. Un hacha que había sido arrojada con los cuerpos podría estar relacionada con estos crímenes.

Resulta inevitable relacionar esta tragedia con otra ocurrida en Madrid dos años después de los sucesos de Grazalema. Las célebres Trece Rosas noveladas en 2003 por Jesús Ferrero (Siruela) y documentadas al año siguiente por el periodista Carlos López Fonseca en el libro Trece rosas rojas (Temas de Hoy), que fue llevado al cine en 2007 por Emilio Martinez Lázaro, tuvieron su antecedente en un pago de la carretera de Grazalema a Ronda cuando cientos de personas que habían huido a la zona de Málaga al estallar la rebelión militar regresaron a la Sierra de Cádiz tras la caída de aquella capital en febrero de 1937 y fueron apresadas por las nuevas autoridades franquistas. Las quince rosas grazalemeñas fueron las víctimas de esta represión con tintes de venganza ejecutada cinco meses después de que el pueblo fuese ocupado por las tropas sublevadas de Arizón y Zamacola.

Teresa Menacho no tuvo tiempo de contribuir con su trabajo a que el textil recuperara la pujanza de antaño. La acompañó en el mismo triste final su nuera Ana Fernández Ramírez, de dieciocho años. Ambas estaban en su casa cuando los falangistas se presentaron para preguntarles dónde estaba el cabeza de familia. Les dijeron que estaba en el campo trabajando de cabrero, pero que no sabían el sitio exacto. Como aquéllos no obtuvieron la información que buscaban, prendieron a las dos mujeres y las mataron. Ana Fernández estaba embarazada.

No acabó aquí la tragedia de la familia Menacho. Un hermano de Teresa, Antonio, militante de la FAI, fue fusilado en octubre de 1937 en Cádiz, tras un juicio sumarísimo, y enterrado en fosa común en el cementerio de San José.

La primera de las rosas en caer fue Isabel Román Montes, de sesenta y un años. Ella y su marido, Melchor García, habían sido guardas de la finca Monte Abajo durante veinticinco años. Él había ejercido durante unos días como alcalde republicano de Grazalema y dos de sus hijos se habían incorporado a las comisiones de defensa y abastos creadas tras iniciarse la sublevación militar y en funcionamiento durante las semanas en las que el pueblo se mantuvo fiel a la República. La de los “Melchores” fue otra saga familiar abatida por los golpistas. En octubre de 1937 Melchor García y dos de sus hijos, Cristóbal y Olegario, tras un consejo de guerra, fueron fusilados en los fosos de Puerta Tierra, en Cádiz, y enterrados en una fosa común en el cementerio de San José. También fueron pasados por las armas otros tres hijos de Melchor García: Manuel y Laureano en la provincia de Málaga y Mateo en la plaza de los Asomaderos de Grazalema. Así lo cuenta en el documental un hijo de este último, Adelino García. De los “Melchores” solo se salvaron los que huyeron y no regresaron.

María Barea Rincón

María Barea Rincón, una de las mujeres represaliadas.

 

A la represión física de estas mujeres se unió el expolio de sus pertenencias. Teresa Sánchez Barea tenía siete años cuando apresaron a su madre, María Barea Rincón. Su familia había huido de Grazalema cuando la entrada de los sublevados era inminente. En Monda estuvieron cinco meses y cuando regresaron ya no tenían nada. Todo se lo habían robado. Una nieta de María Barea explica: “Mi abuelo tenía una piara de cabra. Estaban más o menos bien, para aquellos tiempos. Mi abuela daba leche a la gente. Lo repartía todo. Tenían tres casas y unos terrazgos y se lo quitaron todo”. Y la hija de María Barea rememora: “Cuando volvimos pelaron a mi madre. Le hicieron una trenza y la pasearon”.Tras la humillación volvió a su casa, y en seguida dos falangistas se presentaron para llevársela. El caso es que uno de ellos, al verla, se dio la vuelta y se fue a la puerta avergonzado. ¿Por qué? Porque María fue quien había dado de mamar a un hermano de aquel falangista para suplir a su madre, que no tenía pecho para amamantarlo. El agradecimiento que cabría esperar se tornó violencia despiadada. El otro falangista cogió a su madre obligándola a salir de su vivienda, mientras sus dos hijas, incrédulas, se agarraban a ella: “Mamá no te vayas”. El que la mató le debía un dinero por el queso y la leche que le suministraba. “Mi madre no se lo cobraba porque eran dos o tres varones y el padre era zapatero. Le decía: no, lo vais pagando con los zapatos para los niños. Y le llevaba el queso y la leche…”.

Las Quince Rosas de Grazalema, con el adolescente enterrado en la misma fosa, forman parte de los doscientos nueve fusilados de izquierda registrados en este pueblo. Por contra, la retaguardia republicana causó veinte muertos entre los derechistas. De estos últimos, once habían sido enterrados en una fosa en Monte Abajo. Cuando los fascistas tomaron Grazalema, los desentierraron y los enterraron dignamente. El hueco dejado por sus cuerpos fue reutilizado para enterrar a un grupo de republicanos asesinados. Esta fosa, como varias más conocidas en el término municipal, no ha sido aún abierta para la exhumación de los cuerpos de las víctimas. A unos se les dignificó; otros están aún esperando que se les rememore.

El documental de David Doña ha servido para dar a conocer al gran público la tragedia de las Quince Rosas de Grazalema, cuyos restos fueron enterrados con la dignidad merecida en el año 2009.

El documental  se va a proyectar en varias localidades de la provincia de Cádiz. En Cádiz capital será el 21 de octubre, a las 20:30, en la Casa de Iberoamérica.
Fernando Sígler

Autor/a: Fernando Sígler

Fernando Sígler es Doctor en Historia y Diplomado de Estudios Avanzados en Ciencias Políticas. Ejerció como periodista en 'Diario de Cádiz' y colaboró en 'La Voz de Cádiz' y 'El Independiente de Cádiz'. Ha sido editor, documentalista y profesor asociado en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Huelva. Hoy es responsable de Editorial Tréveris y tutor del Aula de la UNED de Olvera. Como historiador, es autor de varios libros sobre memoria histórica, entre otros temas.

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