Jesucristo en su pedestal

La religiosidad popular mediterránea se esfuerza siempre por retratar a sus dioses y santos en sangre y hueso, como si en el fondo aquí no creyéramos en los milagros y se nos hiciera inviable concebir el espíritu sin la carne.

En Estrella sublime (sublime obra de teatro), proverbial por la proyección tan exacta que hace de esa religiosidad popular, la Virgen-Lola, refiriéndose al portentoso crecimiento de su bebé, cuenta que un día se acercó a la cuna para darle de mamar y para su sorpresa encontró a todo un hombre “de pelo largo y barbas crecidas, que hablaba sin parar diciendo unas cosas muy raras, muy bonitas, pero muy raras”. Similar humanización –por la vía de la carnavalización– de la figura de Jesucristo recoge La vida de Brian en muchas de sus escenas; recuerdo por ejemplo aquella en la que Brian, tras una noche de amor, abre la ventana de par en par y se muestra como hombre exultante ante una multitud de enfervorecidos fans que exclama: “¡Mirad, ahí está el Mesías!”.

Camilo Sesto y Ángela Carrasco, protagonistas de la versión española del musical 'Jesucristo Superstar'.

Camilo Sesto y Ángela Carrasco, protagonistas de la versión española del musical ‘Jesucristo Superstar’.

En muchas ocasiones las canciones tradicionales delatan este tratamiento confiado y familiar de las figuras sobrenaturales tan caro a nuestra cultura popular, característico de esa teología “de tejas para abajo” que, por ejemplo, explica los roles de la Sagrada Familia (el oficio de carpintero para San José o el papel de madre abnegada para la Virgen María). En lo referido al ciclo de la pasión y muerte del Mesías, la ritualidad barroca y ostentosa generada en torno al mismo no anula esa naturaleza fieramente humana atribuida a los mitos del cristianismo. Baste evocar algunas escenas habituales de nuestra Semana Santa: los piropos lanzados a la virgen que se cimbrea entre varales por los atardeceres andaluces o las declaraciones de amor humano que a Jesucristo se le lanzan desde los balcones. Hay ritos de la Semana de Pasión más explícitos si cabe, como el de las “Coplas de la buena mujer” de Burguillos del Cerro (Badajoz), celebrado en la noche del jueves santo, en el que una vecina de buena voz y mejor memoria, elevada a la altura del paso procesional (antes mediante piedras, ahora mediante una grúa) se hace la encontradiza con el Jesucristo prendido e interpela a éste sobre el camino que lleva.

Quizás hay un ámbito en el que especialmente se aprecia el rechazo de la cultura popular a lo ininteligible, lo inasible o lo inefable: el de la etimología popular, definida por el Diccionario de la RAE como “interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen…”. Las etimologías populares surgen de la voluntad de los hablantes de buscar un significado lógico para los términos que le resultan extraños y se apoyan en la similitud fonética. Hay multitud de ejemplos: “el güerto se llama güerto porque hay que darle muchas güertas”, algunas herramientas o utensilios nunca se oxidan porque están hechos de “acero inolvidable”, ciertas naranjas se llaman “mondarinas” porque se mondan con facilidad, el trastorno alimenticio de la “gulimia” tiene que ver con la gula y los Carlitos, Manolitos y Lauritas son, en realidad, eucaliptos, monolitos y uralitas.

Adorno floral de un paso de palio.

Adorno floral de un paso de palio.

Enfrentado a una teología poco comprensible, muchas veces críptica y siempre misteriosa a la hora de señalar milagros o virtudes sobrenaturales, los hablantes hispanos han sido pródigos en la creación de etimologías populares relacionadas con el cristianismo. A mí me enseñaron que, a la hora de persignarse, hay que besar los dedos en cruz mientras se dice “patenoste de Jesús”, y no pocas veces he oído cantar el romance de San Antonio con una súplica inicial en la que el transmisor se encomienda al “Dios inverso” (inmenso) para que le ayude a recordar los versos…

Pero en el campo de la fe sin duda no hay muchas etimologías populares tan creativas  como la que engendró la famosísima obra de Jesucristo Superstar, nacida en los setenta como ópera rock, muy pronto convertida en musical de Brodway y llevada al cine en olor de multitudes. Para muchos, la tal pieza es conocida como “Jesucristo en su pedestal” y la expresión, bien mirada, tiene sentido de ida y vuelta: en un primer momento, por obra y gracia de la “libre” traducción del inglés, el poco entendible “superstar” se “hispaniza”, despojando a la figura mítica de su estrellato; no obstante, en un segundo momento, la “traducción” se hace afortunada por recobrar el plano sobrenatural del Mesías a quien, para darle su sitio, se le coloca “en su pedestal”.

Y así asistiremos, de nuevo, a esta Semana Santa nuestra, de eterno trastorno bipolar, en la que a la Virgen, a Jesucristo y a los Santos Apóstoles trataremos, a ratos, como compañeros de taberna y, en otros momentos, como divinidades en su pedestal.

Imagen de portada: Escena de la película Jesus Christ Superstar, de 1973.
María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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